Como parte del curso Experiencia Profesional, estudiantes de la Universidad EARTH trabajan en proyectos que conectan el aprendizaje académico con necesidades del entorno, enfrentándose a decisiones técnicas, productivas y de mercado desde escenarios concretos.
Ese es el caso de nuestras estudiantes Edith Villatoro, Tayra Camel y Débora Flores (Promoción 2026, Guatemala), quienes desarrollaron una propuesta de diversificación de sabores para yogur griego artesanal para apoyar el emprendimiento externo OLI LAC. Su experiencia se llevó a cabo en la Unidad Académica de Valor Agregado, específicamente en los Escenarios de Aprendizaje de la Planta de Lácteos y el Laboratorio de Procesamiento de Alimentos, donde trabajaron en el diseño, prueba y ajuste de nuevos productos.
El proyecto surgió a partir de una necesidad identificada por la emprendedora Karla Casasola, quien produce este tipo de yogur natural bajo la marca OLI LAC desde Turrialba, Costa Rica, y buscaba dar el siguiente paso: incorporar nuevos sabores desarrollados a partir de materias primas que le permitieran diferenciar su producto y fortalecer su propuesta en el mercado. El vínculo que conectó a las estudiantes con el emprendimiento de Karla se dio a través del Programa de Desarrollo Comunitario (PDC) de EARTH. La propuesta fue valorada como una oportunidad de aprendizaje dentro del curso Experiencia Profesional, al responder a una necesidad concreta de un emprendimiento en crecimiento y permitir a las estudiantes desarrollar soluciones aplicadas en el ámbito de valor agregado. Además, el proyecto abrió la posibilidad de fortalecer vínculos con el emprendimiento, generando futuras oportunidades de colaboración académica.
“Karla quería empezar a hacer su propio saborizante natural, usando materias primas que tuviera cerca”, explica Edith, una de las estudiantes. A partir de ese punto, el trabajo del equipo se dirigió hacia proponer combinaciones, validar ideas y ajustar formulaciones según las condiciones del negocio, contando con el acompañamiento de profesoras y encargadas de área, quienes orientaron el proceso y apoyaron la validación técnica de las propuestas.
Entre las propuestas desarrolladas se encuentran mezclas como durazno con tomate de árbol, ciruela con mora y una combinación de piña, papaya y zanahoria, esta última destacando por integrar también algunos vegetales en el producto. Cada opción implicó múltiples pruebas para lograr sabor, textura y aceptación adecuada, entendiendo que el resultado final no siempre responde a la idea inicial, sino a un proceso de ajuste y aprendizaje continuo.
Pero el proceso no se limitó a la formulación. Las estudiantes también consideraron variables como costos, disponibilidad de materia prima y preferencias del mercado. “No es solo proponer un sabor diferente, sino que sea viable para el negocio y que su público lo acepte”, comenta Tayra. Trabajar directamente con Karla, la emprendedora, fue parte clave del aprendizaje. La comunicación constante les permitió ajustar sus propuestas a las necesidades del negocio, entendiendo que cada decisión debía responder a un contexto productivo específico.
Además, la experiencia implicó el uso de conocimientos adquiridos en distintos cursos, desde química y procesamiento de alimentos hasta manejo de materias primas y control de calidad. “Aquí todo se conecta. Tenemos que ver desde el pH hasta la calidad de la fruta que usamos”, señala Débora. El trabajo en equipo también fue fundamental, destacando habilidades como la organización y la capacidad de estructurar procesos para que sean replicables dentro del modelo de negocio.
Más allá del desarrollo técnico, la experiencia tuvo un impacto personal. Para las estudiantes, trabajar junto a una emprendedora representó una oportunidad de aportar al crecimiento de otra mujer y de visualizar sus propios proyectos a futuro. “Es inspirador ver cómo alguien empieza y va creciendo, y poder ser parte de ese proceso”, comentan las estudiantes.
Al finalizar el proyecto, las estudiantes validaron la propuesta de sabores junto a la emprendedora, con el objetivo de transferir cada uno de los procesos desarrollados, de manera que pueda replicarlos de forma autónoma en su negocio. Se espera que estas nuevas propuestas formen parte de su estrategia de diversificación y valor agregado, fortaleciendo el crecimiento de OLI LAC.
Este tipo de experiencias reflejan cómo los Escenarios de Aprendizaje en EARTH fortalecen el conocimiento técnico, mientras impulsan la formación de las y los estudiantes en empresarialidad. A lo largo de estos procesos, desarrollan la capacidad de identificar oportunidades, transformar recursos en productos con valor y tomar decisiones que impactan directamente modelos de negocio. Este aprendizaje les permite proyectarse más allá de la Universidad: desarrollar y liderar sus propios emprendimientos en sus países de origen, generar empleo y aportar al desarrollo de sus comunidades. Así, la experiencia se convierte en una herramienta para construir soluciones sostenibles para los sistemas alimentarios.