Un día antes de ser admitida en EARTH, Maken Love Mallebranche (Promoción 2027, Haití) soñó que recibía una buena y una mala noticia. Había pasado siete años de su vida aplicando a becas dentro y fuera de su país para poder ir a la universidad, así que sus sueños se mezclaban con la ansiedad de estar esperando una carta, una llamada o un correo electrónico con una respuesta definitiva. Una respuesta que podía cambiar el rumbo de su vida. Durante esos siete años no perdió el tiempo: su padre había fallecido y Maken, siendo la mayor en una familia con muchos hijos, se dedicó a trabajar para poder ayudar a su madre y a sus hermanos. Trabajó mucho pero sin perder de vista la intención de convertirse en una profesional en el campo agrícola.
Su amor por la agricultura surgió desde que era muy pequeña, cuando su padre y su abuelo la llevaban al campo y le mostraban cómo de una pequeña semilla podían surgir plantas verdes y hermosas, plantas que podían darle frutos dulces o vegetales frescos que luego comían todos juntos, en familia. Aprendió a ser observadora y a tener paciencia para ver cómo, con el tiempo, poquito a poco, sus plantas crecían. Ser testigo de la transformación de las semillas en campos llenos de cultivos le dio una vocación y un sueño.
También fue consciente a temprana edad de lo difícil que podía ser el trabajo de campo y la comercialización de productos agrícolas, principalmente en un país como Haití que hace frente a consecuencias del cambio climático, a terremotos constantes y a una inestabilidad política que ha causado grandes olas de violencia e inseguridad. Maken quería ser parte del cambio, aunque fuese con pequeñas acciones. Quería dar apoyo a su madre, quien vende productos como plátano y maracuyá en un mercado local, y a otros pequeños productores que no tienen acceso a ingresos justos y que deben subsistir con los recursos mínimos, muchos de ellos en pobreza extrema y con altos niveles de desnutrición.
El día que su teléfono sonó y una voz le anunció que había sido aceptada en EARTH con una beca completa, Maken ya había recibido la mala noticia: había sido rechazada en una de las universidades a las que había aplicado. Quiso creer que su sueño se podía cumplir y que pronto recibiría otra llamada. Y así pasó. Por eso, cuando le dijeron “tienes un lugar asegurado en EARTH”, no pudo más que decir gracias gracias gracias, hasta que se quedó sin palabras, conteniendo la alegría y el llanto.
Decir sí a EARTH fue fácil, pero lo que vino después estuvo lleno de miedos: para llegar a la universidad debía viajar a Puerto Príncipe, la capital de Haití, y salir del país en constante conflicto político. En las carreteras, los autobuses eran detenidos por grupos armados y, días antes del viaje, se habían registrado ataques. Cuando llegó el momento de partir, la despedida con su madre y su familia fue breve y emotiva, y aunque todos tenían un poco de miedo de lo que podría pasar en el camino, la apoyaron; había pasado muchos años esperando una oportunidad como esta. Durante el trayecto, intentaba mantener su compostura, pero la guiaba la certeza de que ese era su momento. Y lo fue.
Hoy, como estudiante de tercer año, Maken no piensa solo en graduarse. Piensa en volver. Sueña con restaurar el manglar y la playa cercana a su comunidad, afectados por malas prácticas y por un terremoto reciente. Sabe que recuperar ese ecosistema no es solo una cuestión ambiental, sino también económica: muchas familias dependen de la pesca y del comercio que se genera alrededor de la costa. También quiere impulsar huertas escolares y programas de educación ambiental para que niños y jóvenes comprendan el valor de la tierra desde temprana edad, como ella lo hizo junto a su padre y su abuelo. Cree que el cambio empieza en lo local, escuchando a las y los pobladores, entendiendo sus necesidades reales, creando espacios participativos y horizontales.
En cada aula, finca y experiencia que Maken tiene en EARTH, se escucha a sí misma diciendo gracias gracias gracias otra vez. Pero ahora no se queda callada ni se contiene. Ahora crece como crecían las plantas que sembraba de niña: fuerte y lista para dar fruto.