En su niñez y juventud, los hermanos Daniel (Promoción 2004) y David Villegas (Promoción 2008) fueron testigos del conflicto armado en Colombia. Sus padres, con la esperanza de proteger a sus hijos, decidieron mudarse a una zona rural en las afueras de Medellín. Fue ahí en donde ambos hermanos comenzaron a acercarse a un estilo de vida que les maravillaba por su sencillez y riqueza natural, pero que también les concernía por las carencias y la falta de oportunidades. Como ellos mismos dicen, fueron sus padres quienes imprimieron en su ADN una mirada crítica y empática sobre las realidades propias y ajenas.
Daniel fue el primero en llegar a EARTH y David, al ver lo que su hermano hacía en la Universidad, decidió seguir sus pasos. Ambos tenían la misma vocación: querían trabajar en el desarrollo de las comunidades rurales mediante la agricultura, una de las actividades económicas más importantes de su país. Siendo estudiantes, ambos alimentaron su empatía. Aprendieron a relacionarse con compañeros de culturas completamente distintas, con campesinos de diferentes comunidades rurales, con profesionales y profesores de alto perfil y con algunos de los donantes que hacen posible la misión de EARTH. Esto les dio una amplia gama de perspectivas para asimilar el mundo, para comunicarse con las personas, para soñar. Esa fue la base de una meta en común: la creación de Fundación Salva Terra.
Para David, la Fundación nació de una promesa que le hizo al donante de su beca en EARTH: regresaría a su país y haría todo lo posible por transmitir a las comunidades rurales lo que había aprendido en la Universidad. Así que, cuando se graduó, volvió a Colombia y comenzó a estudiar políticas públicas para entender cómo levantar una fundación desde cero. Mientras tanto, Daniel comercializaba insumos agrícolas orgánicos y biológicos y, al trabajar cerca de zonas rurales vulnerables, comenzó a cuestionar lo difícil que era para los pequeños productores acceder a recursos como los que él mismo vendía. Por eso, desde el inicio, decidió apoyar a David financieramente y, más adelante, se unió por completo a Salva Terra como Coordinador de Investigación y Desarrollo.
La Fundación trabaja a partir de tres ejes principales: educación, investigación y desarrollo, y comercialización. Su objetivo es acompañar a los pequeños productores a lo largo de toda la cadena de valor, desde brindar diagnósticos a una comunidad y establecer cultivos hasta vender productos en los mercados que les permitan obtener mejores ingresos.
Según David, quien funge como director de Salva Terra, uno de los principales desafíos del desarrollo rural en Colombia es lograr crear puentes que conecten a los agricultores y agroemprendedores con mercados y oportunidades económicas sostenibles. Ese reto ha llevado a Salva Terra a trabajar con decenas de categorías de productos y a crear iniciativas como PaisSana, una marca país que reúne a miles de productores, muchos de ellos provenientes de territorios afectados por el conflicto armado o vinculados a procesos de sustitución de cultivos ilícitos.
El trabajo de ambos hermanos y del equipo de la Fundación Salva Terra consiste primeramente en escuchar y observar las necesidades reales de las comunidades para tener la capacidad de generar propuestas técnicas y sociales. “Nos ponemos en los zapatos del productor. Muchas veces el problema parece económico, pero cuando uno profundiza, descubre que el origen puede estar en el suelo, en una enfermedad del cultivo, en el mercado o incluso en que ese cultivo no corresponde a las condiciones del territorio”, cuenta Daniel. A partir de ese análisis, el equipo desarrolla soluciones adaptadas a cada comunidad, combinando investigación aplicada, microbiología, gestión ambiental y conocimiento del mercado.
Aunque el impacto de la Fundación ha sido enorme para cientos de personas en Colombia, los hermanos Villegas creen que también es importante visibilizar los retos a los que se enfrenta una organización social diariamente, desde lo personal, como una enfermedad que dejó a David con movilidad reducida durante casi dos años, hasta lo económico, como una apuesta financiera que no salió como esperaban. Ambos tomaron esas dificultades como oportunidades de crecimiento y, gracias a ello, se han replanteado el funcionamiento de Salva Terra para fortalecer su estructura y construir un ecosistema empresarial con propósito social que garantice la sostenibilidad de la Fundación sin renunciar a sus principios.
Hoy, los hermanos Villegas siguen convencidos de que el desarrollo rural requiere mucho más que buenas intenciones. Requiere escuchar, generar conocimiento, construir relaciones de confianza y crear oportunidades económicas que perduren en el tiempo. Ambos siguen trabajando para cumplir la promesa que David hizo hace casi dos décadas: poner su conocimiento al servicio de quienes más lo necesitan.